Indio
Ayer murió el Indio. Y, como tantos otros, lo pensé todo el día.
Me di cuenta de que, si pensaba en él o en Los Redondos, en realidad estaba pensando en mis amigos, en la esquina de Inclán, en el barrio que adopté, en el Industrial, en mis compañeros.
Haber pasado de la adolescencia a la adultez en la década del 90 se resumió en una palabra: exclusión.
Sí, Indio, finalmente el papel picado no alcanzó para todos.
Y en ese paisaje de desocupación, marginalidad y consumo, nos propusiste un juego de poesía y ritual. Al menos, algo en qué soñar.
Era previsto y anunciado. La esquina vacía debió habernos preparado.
tu esqueleto te trajo hasta aquí
con un cuerpo hambriento, veloz
y aquí ¡gracias a dios!
uno no cree en lo que oye
