Apuntes sobre el trance: La meditación

Quería hacer una serie de publicaciones sobre el trance y las diferentes formas de llegar a él.
Cuando hablo de trance me refiero a una pérdida de centralidad del yo. No necesariamente como una experiencia mística, pero sí sensorial. Hace años intento llegar a este plano, muchas veces de forma infructuosa.
En esta primera parte quiero pensar en la meditación como camino hacia el trance. Hay múltiples caminos y escuelas para abordar esta práctica. En mi caso, adopta la forma de una exploración interna, llevada adelante de manera autodidacta, aunque con una clara influencia del Taoísmo.
Mi experiencia:
Me siento en el suelo con las piernas cruzadas, los brazos descansan sobre las rodillas. Mi cuerpo está orientado hacia el sol. Cierro los ojos. Repito un mmmm muy bajito y lo más grave posible, como el ronroneo de un gato.
Vibro. Lo siento en el cuerpo.
Los sonidos de mi entorno van cobrando protagonismo, como si subieran de volumen. El sol, a través de los párpados, tiñe todo de un ámbar rojizo.
Luego de un rato, estoy dentro. No hay desconexión ni desdoblamiento, más bien lo contrario: la sensación es de unidad. Lo que me rodea y yo mismo somos una misma cosa. Es difícil describirlo, hay algo de matriz y calidez que no puedo poner en palabras.
Pueden pasar entre 10 y 20 minutos, en mi caso no más de eso. Y vuelvo.
La vuelta no es abrupta ni estoy desorientado. Una sensación de bienestar me acompaña durante unas horas.
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